domingo, 27 de noviembre de 2016

Equilibrio

El Zohar HaKadosh nos enseña: Que las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad vienen siempre equilibradas -no existe el bien sin el mal, no existe la pregunta sin la respuesta, no existe un contenido sin un contenedor, no existe un pobre sin un rico, no existe un dar sin un recibir, todos estos y otros más siempre vienen juntos-


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Pirkéi Avot 6:3


Izkor


lunes, 7 de diciembre de 2015

Janucá





sábado, 5 de diciembre de 2015

La historia de Jánuca

Un poco de luz en una noche tan oscura.

Cuando nos disponemos a celebrar nuevamente esta hermosa fiesta, preparamos la Januquiá para encenderla todas las noches de Janucá tal como estamos acostumbrados desde hace tantos años agregando una llama más a medida que pasan los días.. ¿Por qué ocho días? Pues el milagro duró por ocho días. ¿Será esa la única razón? ¿No se podría – acaso – celebrar un milagro de ocho días en una sola noche? ¿Por qué debemos, asimismo, sumar preferiblemente más luz a la Januquiá cada noche? ¿Y por qué de noche? ¿Acaso la Menorá del Bet HaMikdash se encendía de noche?

Los Sabios dicen que los griegos, o mejor dicho, la cultura griega de antaño, se conceptualiza como la oscuridad. En estos términos explican aquel versículo en el que Avraham hacía un pacto con el Todopoderoso por el futuro de su descendencia: “un temor oscuro inmenso caía sobre él” (Bereshit 15:12). Las palabras de referencia aluden a los distintos gobiernos que históricamente habrían de regir y oprimieron a Israel.
 
En nuestra mente y en los manuales de historia a través de los cuales nos enseñaron en la escuela se da la apariencia de creer que Grecia iluminó al mundo con su sabiduría, con su idioma y filosofía y con su arte.

¿Cómo se puede decir que aquella cultura sea caracterizada por los Sabios precisamente como oscuridad?

Este tema data de mucho tiempo antes de que florezca la civilización griega como la conocemos en los libros de historia. Noaj, después del gran diluvio, había vaticinado el futuro y en aquella profecía otorgó a Iefet su hijo y antepasado directo de los griegos la percepción y la inclinación en el sentido del desarrollo de la belleza. En las palabras de la Torá, le dijo: “que E-lokim le conceda belleza a Iefet y que more en las tiendas de Shem... (Bereshit 9:26)

Si este talento ya fue aparentemente conferido por tan ilustre antecesor, ¿por qué, entonces, una actitud tan crítica?

Veamos en dónde está la cuestión en el enfrentamiento entre la enseñanza de la Torá y la cultura griega. Evidentemente este punto es esencial para comprender el significado de Janucá. Si examinamos correctamente la cita anterior, la Torá no habla en aquel versículo solamente de la belleza, sino que lo vincula con la morada en las tiendas de Shem

¿A qué se refiere eso?

El judaísmo (las tiendas de Shem) siempre ha enseñado que la vida del hombre está centrada en la Existencia de un D”s. Como seres humanos creados a Su imagen, tenemos la oportunidad y el deber de emular Su conducta.

Por otro lado, la “civilización” griega está basada y centrada en la figura del ser humano. Sus dioses están creados a imagen del hombre y se les atribuye no solo la forma de hombres y animales (¡o mitad y mitad!), sino, a su vez, las debilidades humanas y los descontroles de los cuales son capaces los hombres. Por lo tanto, la mitología griega está llena de agresión, venganza, violaciones, etc. La existencia de tales dioses, “permitía” a los griegos legitimizar esa conducta sin necesidad de corregir sus propios errores y sin creer que existieran seres moralmente más elevados que ellos. La cúspide de esta filosofía de vida, estaba representada por el cuerpo humano con rasgos perfectos, tal como lo notamos en sus esculturas y en el deporte que ellos practicaban intencionalmente desnudos. De ahí, su oposición al Brit Milá, la circuncisión de los judíos, que tiene como mensaje principal, la sumisión del cuerpo al alma y al espíritu dispensado por D”s. 

No había en aquel entonces, ni la hay hoy en día, posibilidad de convivencia entre ambas posturas de vida.

¿Cuándo se produjo el choque? Cuando los griegos y sus aliados, los judíos helenistas, quisieron imponer su cultura para que compartiera nuestra vida ancestral.

A diferencia de caldeos y romanos, los griegos no destruyeron el Bet haMikdash. ¿Para qué? La construcción en sí no les molestaba, sino su contenido que – consecutivamente – intentaron violar.
 
Los griegos dominaron a Israel después de la historia de la salvación que celebramos en Purim. Junto al exilio griego, le ocurrieron otros fenómenos a Israel: La privación de la profecía y la quita de los milagros manifiestos, como, asimismo, la pérdida de la inclinación hacia la idolatría. Por un lado, ya no nos sentiríamos atraídos a adorar imágenes, pero tampoco veríamos más la Presencia Di-vina en la misma cercanía que sentíamos previamente. La idolatría, perversa como era, respondía al potencial intrínseco de los judíos de servir al Creador. Si bien los griegos también idearon dioses, éstos no eran adorados como lo hacían los idólatras anteriores a ellos, sino como representación de sus propias tentaciones y deseos. Según su lógica de vida, el hombre autónomo era el amo de la existencia y no necesitaba unirse a algo trascendente.

La pregunta que nos queda por dilucidar es por qué D”s provocó en aquel momento esa situación de oscuridad carentes de profecía y milagros abiertos y retados por un enemigo que negaba lo más sólido de nuestra creencia, después de tantos años de proximidad a D”s.

Cuando la mamá cría al niño, en un comienzo, éste aun si se aleja de ella algunos metros, no irá más allá de donde se pueda dar vuelta y verla. Precisa que esté cerca de él físicamente. Más tarde, a medida que crece la confianza en ella, estará dispuesto a retirarse más, pues sabe que aun si no la puede ver inmediatamente, ella está cerca de él y acudirá a socorrerlo en caso de necesidad. No requiere más su presencia física pues la lleva en su corazón. Ya ha creado un vínculo profundo que trasciende la contigüidad material. 
Del mismo modo, la historia de Janucá ocurrió en el momento en que Israel se independizó de los milagros visibles y de la profecía. El milagro de Purim, con sus coincidencias había establecido el gobierno Di-vino sobre los acontecimientos, más allá de que se modifique - o no – el orden natural.

Desde ahora, Israel debería batallar en la oscuridad de la negación de lo Di-vino ejercitando y demostrando el vínculo singular que había establecido con el Creador, que a este punto ya trascendía la inmediatez corporal de su demostración manifiesta.

En el milagro de Janucá, se corrió la cortina por un momento y D”s – mediante el milagro del aceite – demostró que está allí cerca de nosotros, solo oculto por las tinieblas.
(A conflict of cultures - Jeremy Kogan – “The Jewish Observer” Kislev 5759)
 
Una de sus murallas alrededor del Bet HaMikdash rodeaba el área denominada soreg (Mishna Midot 2:3). Al conquistar Ierushalaim, los reyes griegos hicieron trece brechas en el soreg. Cuando los Jashmonaim (macabeos) recuperaron el Bet haMikdash, recompusieron la muralla. Desde ese momento se tornó la costumbre (establecida por los Sabios) que al pasar al lado de cada una de esas restauraciones, el judío debía arrodillarse a modo de agradecimiento al Creador.
Las preguntas obvias son: por qué los griegos hicieron esas grietas, por qué justamente trece las fisuras y por qué esta disposición de los Sabios.
R. Iom Tov Heller explica que la fiereza en su proceder se debía a que a los griegos y a los demás gentiles, solo se les permitía el acceso hasta aquel lugar. Únicamente los judíos podían ingresar más adentro, hasta cierto sitio más cercano al Bet haMikdash. En primer lugar, la molestia de los reyes griegos pasaba por este punto. No toleraban que los judíos se creyeran distintos a los demás, lo que también se de mostraba a través del Brit Milá.La cantidad de boquetes en el muro es representativa de los trece atributos de la Conducta Di-vina a la cual accedemos para intentar poner en práctica en nuestra vida terrenal. Como judíos este pensamiento es esencial. Por lo tanto, los Sabios atribuyeron importancia a la recomposición del muro y el recordatorio correspondiente.
 
Esta lucha cultural es a la que se hace alusión en las palabras de Maoz Tzur (canción tradicional de Janucá):“Los griegos se agruparon contra mí, en la época de los Jashmonaim, y rajaron las murallas de mis torres...” – dijo R. Guedalia Schorr sz”l. 
 
Los griegos poseían un alto grado de egolatría. Al no respetar una autoridad moral superior, se atribuían el poder de destruir con desdén todo lo que quisieran o se les cruzaba en el camino. Por otro lado, los Jashmonaim que hicieron el levantamiento, no poseían fuerza militar. No eran numerosos. Pero eran valientes, no menos que lo jactancioso de los griegos. El orden de encender la Januquiá requiere que se acerque la mecha del Shamash y se encienda la luminaria hasta que la llama ilumine por si sola. Como padres y educadores, debemos enseñar e instruir a nuestros hijos hasta que lleguen a brillar por sí mismos. 
 
El grito de convocatoria de los Jashmonaim fue “Mi laHaShem eilai” (quien está con D”s, que venga conmigo). Esta frase fue dicha anteriormente por Moshé, cuando se encontró que el pueblo había caído en la construcción del becerro de oro. Pocos eran los que estuvieron con Moshé y nuevamente fue exiguo el número de luchadores macabeos. En la lucha por las enseñanzas de D”s, la soledad acompaña a menudo al hombre de fe. Es más, en un entorno en el cual aun los que blasfeman las instrucciones de la Torá, también dicen hablar “en nombre de D”s”, se vuelve tanto más exasperante la situación en que el público inocente se confunde entre lo genuino y autentico y las imitaciones de los que se mimetizan con la religión.
 
Encendemos la Januquiá. Un poco más que media hora después, el aceite se gastó y la llama se apagó. La mecha está quemada y la Januquiá está vacía. ¿Qué quedó de todo? La inversión jamás es en vano. El esfuerzo para que nuestros hijos estudien Torá y distingan entre la luz y la oscuridad – impulsándolos hasta que su llama ilumine por si sola, y agregando cada día más luminiscencia y resplandor - siempre dará frutos valiosos. Permanecen ellos que son los portadores de la luminaria y del brillo.

Daniel Oppenheimer

The way of Torah

Such is the way of Torah: Bread with salt you shall eat, water in small measure you shall drink, and upon the ground you shall sleep; live a life of deprivation and toil in Torah. If so you do, "fortunate are you, and good is to you" (Psalms 128:2): fortunate are you in this world, and it is good to you in the World To Come.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿QUIÉN SOY?

Todos los niños que habían asistido al cumpleaños estaban fascinados con el animador.
Subió al escenario. Tenía puesta una enorme careta. “¿Quién soy?” - preguntó.
“El ratón Mickey” - respondieron todos.
“¡No, no…!” - respondió con voz gruesa quitándose la careta.
Los pequeños entonces pudieron ver horrorizados que era el legendario lobo del cuento de la caperucita roja…
Muchos comenzaron a llorar: “¡mamá, mamá!”.
Pero, rápidamente, el animador los volvió a tranquilizar: esta vez apareció como el 
Pato Donald .
Los niños se tranquilizaron por unos instantes - hasta que volvió a mostrar su hilacha y exhibió su cara enojada y rabiosa de la bruja Cachabacha. Nuevamente los llantos, que fueron una vez más sosegados cuando amigablemente asomó representando a 
Goofy, y luego como Pluto alternando entre figuras simpáticos y afables -y otras ásperas y escabrosas…

Nuestra larga historia ha visto todo lo que uno pudiera imaginar. Momentos de gloria, y otros de vergüenza. Héroes y villanos. Elevación de algunos en circunstancias de desafío y tentación, en los que sucumbieron otros.
Todo lo que la Torá pronosticó que podía llegar a ser realidad, terminó cumpliéndose.
El antisemitismo no es una leyenda, sino que se manifestó en sus más airadas expresiones durante los últimos dos milenios. Pero, los judíos se mantuvieron a pesar de todos estos excesos.
No solo han sobrevivido, sino que han fielmente mantenido en pie el cumplimiento de la Torá, a pesar de las enormes dificultades.

Una de las circunstancias que la Torá describe (como contingencia) es que “se alzará en tu medio un profeta o un soñador y te diera una señal o te mostrara una maravilla”. El objetivo de esta demostración es para acreditarse y evidenciar el poder de una idolatría a la que quiere convencerte que tú también adores. (D´varim 13:2).

La Torá obviamente advierte hacer caso omiso a tales propuestas, y - por el contrario - llevar a aquel provocador ante la justicia y aplicarle la pena que le corresponde.
Nuestra historia también está repleta de estos nefastos seductores y sediciosos - que afanosamente cumplieron su ejercicio en las maneras más diversas - no escatimando en muchas instancias y el uso de la fuerza para lograr sus propósitos.

El TaNa”J ya menciona a los profetas falsos de aquella época bíblica. 
La historia de Janucá es la culminación de la lucha de los macabeos en contra de la ocupación greco-siria, apoyada por los judíos helenistas traidores.
Más tarde, sus sucedáneos - los saduceos - propusieron durante varias décadas previas a la destrucción del segundo Bet haMikdash una Torá que negaba de raíz la tradición de la Torá transmitida por los Sabios.

Los cristianos intentaron durante siglos (y hasta el día de hoy) llevarse almas judías (¡¿para “salvarlas”?!) hacia su credo. 

Los Karaítas, alumnos de Annan ben David (personaje resentido por no haber sido considerado, en su pretensión de poder entre los judíos de Babilonia) comenzaron a propagarse en el siglo VIII (de la era común) y - durante varios siglos - condujeron a muchos judíos a alejarse de sus fuentes auténticas. Ellos también formulaban un “judaísmo” que no estuviera limitado según la exposición obtenida y aceptada por los Sabios de la Guemará (Talmud) y los Gueonim que les prosiguieron.

En las épocas más modernas, los falsos Mesías - entre quienes el más famoso fue Shabetai Tzvi, siglo XVIII - confundieron a las masas de judíos con la embustera fábula de que habían sido enviados para redimir al pueblo de Israel de su exilio.

Los reformistas crecieron después de la Emancipación en el centro de Europa. Propusieron un “judaísmo” que se asemejara al credo cristiano en sus ritos, liberado de cumplir de muchas Mitzvot y de la esperanza de finalmente ser redimidos y conducidos a la Tierra de Israel como nación elegida de D”s.

Los iluministas del este de Europa tomaron parte de las propuestas de los reformistas bajo la bandera de la Haskalá (iluminismo judío), que - muy por el contrari o de lo que los nombres que se atribuyeron parecerían sugerir - ensombrecieron, confundieron, perturbaron y entorpecieron el conocimiento del judaísmo, logrando también ellos una gran merma de judíos de las filas de nuestro pueblo. 

Los conservadores siguieron los pasos de los reformistas - bajo un nuevo seudónimo y algunas sutiles diferencias, pero manteniendo la negación de la Divinidad de la Torá y de la autoridad de las palabras de los Sabios - y también tuvieron su auge momentáneo.

El sionismo - tal como su agenda inicial lo planteaba, quería conducir a los judíos a algún sitio de la tierra en donde pudieran estar libres de los opresores y tiranos - y también libres del cumplimiento íntegro de la Torá. Poco más tarde se sumó y unió a su ideario las nociones socialistas y comunistas que estaban en boga en aquel momento y que muchos judíos ya desviados por el iluminismo creían que era la redención de la humanidad. 

¿Cuál fue el común denominador de las ideologías “alternativas” que pretendieron reemplazar el judaísmoraigal, o - al menos - presentarse como una “corriente” válida (?) adicional en el seno del judaísmo?


En primer lugar: todas las proposiciones que mencionamos terminaron por arrancar a miles de judíos del seno de nuestro pueblo. Sus hijos y nietos hoy ya no se identifican con la nación de Avraham, Itzjak y Iaacov.
Además, y como no podría ser distinto - ninguna de ellas logró perdurar en el tiempo. Todas crecieron, tuvieron un momento - que pudo incluso subsistir durante varias generaciones - de florecimiento y cúspide, y terminaron por marchitarse y desaparecer.

Sin embargo, en los momentos de apogeo de cada una de ellas, parecieron tan legítimas que permitió hacer creer que fueran versiones fidedignas del judaísmo (claro está que las nuevas propuestas siempre estaban acompañadas de ciertos conceptos de la Torá, pues de otro modo sería imposible engatusar o enredar al distraído y al negligente). A ojos del inexperto, el judaísmo tradicional estaba por “desfallecer y desaparecer” - D”s libre - mientras que las nuevas creencias vendrían a “salvar al judaísmo” de su extinción - salvo que D”s ya garantizó que eso jamás sucedería, y el judaísmo de D”s no requiere de salvadores.

Por último, en todos los casos, el “envase nuevo” en que se expresaban las nuevas ideologías, dificultaba ver sus rasgos comunes con las propuestas fallidas anteriores que ya habían hecho extraviar para nuestra desgracia a tantos hermanos.
Quienes se oponían en cada una de las instancias a las ideologías que estaban en boga: el iluminismo, el sionismo, o cualquier otra, no solamente eran tildados de exagerados y retrógrados, sino que eran pintados en la luz más negativa por los aparatos de propaganda que apoyaban las doctrinas “de actualidad”.

La Torá nos enseña que en el lapso preciso en el que Iaacov estaba a punto de encontrarse con su hermano Eisav y estando momentáneamente separado de su familia, se le presentó un “hombre” que luchó con él hasta el amanecer (Los Sabios nos hacen saber que no se trataba de un ser humano sino que era un representante espiritual de su hermano rival Eisav que trataba de impedir su llegada a Israel. Cuando el ángel de Eisav no pude derribar a Iaacov, éste le obligó a bendecirlo. Después de sumarle el nombre aristocrático “Israel”, Iaacov preguntó a su adversario por 
su nombre. La respuesta fue (aparentemente) evasiva: “¿Por qué preguntas por mi nombre?” (Bereshit 32:30).
Los Sabios reflexionan acerca de esta respuesta ambigua y misteriosa. ¿Qué mensaje velado querría decirle el representante de la perversidad al triunfante (pero intranquilo por el futuro de su incipiente nación) Iaacov?
Rash”í cita el Midrash que explica las palabras del ángel: “No poseemos un nombre estable. Nuestro apelativo se modifica de acuerdo a la misión a la que somos enviados”.
¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Por qué no se conoce su nombre? ¿acaso no tenía una misión en aquel momento?

Rav Jaim Dov Keller, Rosh Ieshiva en Telshe (Chicago), explicó que las palabras del ángel ilustraban a Iaacov acerca de la batalla ideológica que deberían librar los judíos a lo largo de toda la historia. No tiene un solo “nombre”. No habría una sola entidad o elemento con el que Iaacov debería contender. El ángel no podía definir su esencia, porque la naturaleza del contrincante se modificaría continuamente. Al cambiar el carácter del adversario, no habría un plan de batalla que podría trazar por adelantado

Los Sabios continúan y también nos hacen saber un detalle relevante adicional acerca de la “naturaleza del emisario de Eisav: ¿qué aspecto corporal tendría?
“Tenía aspecto de idólatra” dicen primero, pero luego agregan: “tenía aspecto de Talmid Jajam (estudioso de la Torá)” (Julín 91.).
¿Idólatra o estudioso? ¿o ambos?

Evidentemente no sería sencillo identificarlo. En otras palabras: no se puede fiar en el semblante exterior: es posible que quien asalte a Israel e intente desviarlo, se muestre como un sabio. Quizás pose con una frondosa y larga barba. Posiblemente incluso hable de modo misterioso a tal punto que no se le entienda lo que dice. Quizás dispense bendiciones a sus adeptos y ostente un halo místico. Posiblemente muchas personas puedan contar reverentemente de cómo adivinó con lujo de detalles su vida personal y otros le atribuyan poderes proféticos y habilidades milagrosas. 

Al igual que en el pasado, estamos inundados de “nuevas propuestas” que suelen tener un aire de virtud y honradez que pueden confundir hasta al más experto.
Y, no diferente a otras épocas, quienes formulan estas corrientes están sustentados por maquinarias publicitarias que intentan poner a la defensiva a quien los cuestiona e intentan velarse con las Mitzvot que eligen arbitrariamente y pretenden difundir.

En la Tefilá nocturna, recitamos el siguiente pedido a D”s: “Separa al Satán de delante y de detrás nuestro”.
Las fuerzas del mal suelen ser engañosas: en algunos momentos pueden prevenirnos de cumplir Mitzvot (“delante nuestro”). En otras, pueden disfrazarse e instarnos a obedecer las Mitzvot, con tal de tenernos en sus manos (“detrás nuestro”). Esto no es diferente al origen de estas ideologías: Eisav y sus secuaces se asemejan al cerdo: este animal prohibido por la Torá posa y expone sus pezuñas partidas delante de él para aparentar una condición de casher.

En Janucá celebramos las luces del Bet haMikdash que fueron restauradas luego de la victoria de los macabeos. La luz puede iluminar, pero - si se la utiliza de manera indebida - también puede encandilar. Recemos porque D”s ilumine nuestro camino para no tropezar.

Daniel Oppenheimer